28.7.09

Sumando: Feinmann y Menemóvil

Cada tanto, en Radio Tosco nos la agarramos con la estrategia kirchnerista de acumulación de poder. Criticamos impresentables rejuntes; se nos señala entonces la vocación mayoritaria del justicialismo. Sentimos que coherencia y mayoría son distinguibles; hay minoritarios incoherentes; ¿podría haber mayoritarios coherentes? Eh, qué pregunta, también...

¿Y si leemos a un brillante kirchnerista? José Pablo Feinmann escribe en Humor Registrado, núm. 230, octubre de 1988, la nota “Menem, los espacios y el vértigo” (págs. 24-25). Critica allí la estrategia del Menem-candidato. Toma la metáfora del “menemóvil” en que el riojano recorre el país rumbo al triunfo de mayo de 1989.

Dice Feinmann: “¿Qué más vuelve a vivir con Menem? La vieja idea de la totalización peronista. Ya que el peronismo es así: aditivo. ¿No lo enseñó, acaso, Perón? “En política siempre hay que sumar”, decía Perón. “Si quiero llegar solamente con los buenos”, decía Perón, voy a llegar con muy pocos”. El menemóvil, entonces, es hijo de esta ideología de la conducción. El menemóvil es aditivo, sumatorio. Transporta a los buenos y a los malos.

Pero, ¿quiénes son los buenos, quiénes son los malos? He aquí el problema: el menemóvil legaliza a todos. La política aditiva, la política de sumar, de sumar siempre, diluye la ideología. Intenta mimetizar los proyectos. De este modo, para el conductor, la ideología es una limitación. El conductor –para poder dar espacios– debe elastizar su ideología. Y en esta elastización la ideología pierde identidad. Para poder sumar a todos, convocar a todos, dar espacios a todos, el conductor debe hablar para todos, emitir un discurso para todos, delinear un proyecto para todos. Y un proyecto para todos es un proyecto para nadie. ¿Cuál es el proyecto del menemóvil? Sumar. ¿Cuál es la meta del menemóvil? Ganar. “Después”, piensan todos, “veremos”.

El conductor piensa armonizar esta diversidad. Pero advierte Feinmann: “[E]l conductor carismático vive una peligrosa soberbia: cree que está afuera de la historia. Cree que él es la trascendencia y que esta trascendencia le permitirá conducir la inmanencia. Más claramente: cree que no forma parte del desorden.

Y más adelante, pregunta: “¿Desde dónde, desde qué espacio pedir la unidad de la coherencia y no el amontonamiento del caos? ¿Desde qué espacio afirmar que ya no nos seduce el vértigo de la historia, que cuando se quiere llegar con todos no se llega o, lo que aun es peor, se llega mal; que ya aceptamos –más jóvenes, más inexperientes, siempre esperanzados– [en 1973] la invitación a formar parte del desorden, de lo contradictorio, de lo absolutamente opaco y azaroso, y nos fue, también mal, tan mal como el caudillo que nos convocó a esa aventura? ¿Desde qué espacio decir que ya no pensamos la política como el arte conspirativo del entrismo, como las manos sucias, que reivindicamos el derecho y la legitimidad de estar afuera, que la ideología de la lucha interna (que implica, insoslayablemente, la legalización de los sapos) nos ha, cuanto menos, fatigado […] y que nos interesa más crear los espacios ausentes que desgastarnos en la lucha por ganar los que ya existen?

Interesante, aunque contradice cosas que Feinmann escribiría pocos meses después.

¿Hay algo de todo esto aplicable al kirchnerismo, hoy? Eso ya lo preguntamos acá, en Radio Tosco. Nos vemos el martes 04 de agosto.

6 comentarios:

Nicolás Virga dijo...

Estimado Horacio:


Muy buen post! Creo que el papel de los intelectuales K es interesante para analizarlo por donde se lo mire. Y digo esto no sólo porque sus declaraciones despiertan pasiones encontradas, sino que además, creo, enriquecen el debate acerca de lo que podría llamarse “el deber ser del intelectual”.
En este caso creo que hay muchos elementos para comentar, pero veo un eje que me interesa resaltar: la relación entre las diferentes formas del Peronismo (desde el menemismo, y su menemóvil, hasta el kaismo) y la idea del mal menor. El peronismo es, realmente un proceso muy complejo y lleno de contradicciones. En este sentido, creo que muchos de los que simpatizan/militan/apoyan algunas de sus alternativas, están en constante movimiento en cuanto su posición ideológica sobre determinados temas. El caso de Feinmann es sintomático en este sentido, ya que primero expresó argumentaciones en contra de Menem, para luego poner en foco la idea del mal menor sobre el mentado líder carismático.
Algo parecido ocurrió con K, pero con variantes. En sus primeros meses como presidente, entendió que podía recibir el apoyo de la izquierda pensadora y elaboró un discurso que este sector tomó como propio. Una frase antológica de JPF la publicó en Página/12 en el año 2003. Allí dijo “Yo no soy oficialista, el oficialismo se volvió como yo.” Creo que esta cita resume bien cuál fue la estrategia del Kaismo para sentar bases que no había mostrado con anterioridad y recibir con los brazos abiertos a los intelectuales que decidieron seguirlo.
También es importante aclarar que luego, este discurso “oficialista” de la izq K, adquirió argumentaciones que defendían al Gobierno por ser el mal menor en un desierto de ideas. Una visión bastante sesgada, pero asentada, a mi modo de ver, en convicciones peronistas (recuerdo la famosa frase de Perón: “No es que seamos buenos, es que los que nos siguieron han sido muy malos que nos hacen a nosotros óptimos.”)
Ahora bien, no creo que sea un problema cambiar de opinión o de pensamiento, especialmente cuando los que mutan son aquellos que han desarrollado sus vidas y carreras a través del laburo con las palabras. Es decir, la contradicción no es un mal en sí misma. Si bien es preciso saber por qué uno cambia de parecer, en qué circunstancias y sobre qué tema, creo que vale preguntarse si se puede conservar visiones, y más aún afinidades políticas, inclaudicables que no caigan en un conservadurismo inevitable.
Creo que Feinmann, al igual que la gente de Carta Abierta o los organismos de Derechos Humanos, como las Madres y Abuelas, sentaron, como lo hicieron siempre, una posición política clara. Se metieron en el barro de la historia, por decirlo de alguna manera.
Para ir cerrando, creo una buena manera de entender el papel de la intelectualidad sería pensarla tal como Eduardo Grüner definió el pensar sartreano: estar en la vereda de enfrente.

Saludos!

Anónimo dijo...

Horacio querido:

obviamente en este comentario retomo y profundizo -o al menos intento hacerlo-algunas cosas de una discusión anterior.

1. La pregunta de si podría haber mayoritarios coherentes podría tener una respuesta positiva si esa vocación de mayoría no comenzara a partir de una estructura partidaria-movimientista preexistente -el justicialismo, en este caso- caracterizada justamente por su amplitud. Desde esta óptica, el modo de construcción política del kirchnerismo, al iniciarse dentro del justicialismo -más allá de sus aperturas, tácticas o estratégicas, hacia la transversalidad o la concertación- limitan entonces las posibilidades de coherencia.

2. En términos de análisis de opinión pública, podría decirse algo parecido de cualquier intento de construcción política coherente encarado desde la UCR, que a su manera es también un partido "catch all", o atrapalotodo, en la jerga de los consultores norteamericanos.

3. Un dato que no es menor: Kirchner llega a la presidencia en 2003 de manera anticipada, apadrinado por Duhalde. El proyecto de Kirchner era para el 2007. Llega a la presidencia de la nación con un equipo de pago chico, que comunica bien, no posee cuadros formados para un proyecto de país y gestionó Santa Cruz de una manera electoralmente exitosa -hasta junio de 2009 -pero políticamente objetable.
Obviamente, tampoco llega con una construcción política coherente. La puja con el
duhaldismo en el 2005 tuvo el propósito de hacerse con el manejo de la estructura política del PJ. Gran parte de las falencias del kirchnerismo pasan por esto.

4. Respecto a un punto que siempre se critica en la discusión sobre el modo de construcción K, su histeriqueo con la CTA: te decía en el comentario anterior que la disyuntiva entre la CTA y CGT, que a vos te parecía "obvia", estaba muy clara en el plano de lo ético o, en otros términos, de la corrección política, pero no resistía el análisis de la praxis política real: un gremio como la CTA no le garantiza al gobierno lo que en la jerga se llama "el control de la calle", porque es un gremio de "cuello blanco", que no tiene el peso (literalmente) del otro no sólo en cuestiones de movilización política sino tampoco en otras materias (como discusión salarial, paritarias, etc).

5. La pregunta que se impone entonces: si no construyo políticamente a partir de las estructuras preexistentes por contradictorias e "incoherentes" (PJ; UCR...etc) puedo construir de manera coherente desde una fuerza nueva, minoritaria, pero con aspiración transformadora? Creo que la izquierda cordobesa -tomemos el caso de las últimas elecciones en Córdoba, junio de 2009- muestra que la coherencia (amén de otros factores)llevada a su extremo se traduce en impotencia política efectiva; a su turno, el juecismo y el ARI-Coalición Cívica, como dos alternativas políticas locales y nacionales, muestran mayor éxito electoral pero adolecen de tremendas inconsistencias ideológicas (Carrió primero tuvo como economista a Lo Vuolo, y luego a Pra Gay: en fin) y terminan agotándose en fuerzas estrictamente personalistas, construidas al vaivén de los caprichos de sus inspiradores. La última elección nos deja planteadas un par de alternativas interesantes, Pino Solanas y Sabatella. Con la primera, electoralmente más exitosa e ideológicamente consistente, tengo mis dudas, que podemos charlar en otro post. Sabatella me inspira un poco más, quizá por tener experiencia de gestión.

Bueno, seguro la seguimos, abrazo,
Norman

brazo,
Norman

Anónimo dijo...

Horacio:

una rectificación del post, donde dice "Llega a la presidencia de la nación con un equipo de pago chico, que comunica bien" quise decir "que no comunica bien". Saludos,

Norman

Redacción / Radio Tosco dijo...

Hola, Nicolás y Norman... Gracias por escribir. Anduve medio lerdo para comentar sus comentarios.

Arranco con el tuyo, Normankeriden, que está muy bueno.

1. Yo veo dos cuestiones diferentes respecto de la estrategia política K. Una: la eficacia. Dos: la finalidad, el proyecto. Creo que muchas veces ambos planos se nos mezclan en la conversación.

2. Yo no tendría problemas en admitir, por ejemplo, la eficacia de la estrategia K en 2005 para sacar del medio al duhaldismo. La pregunta que me interesa es: ¿para qué lo sacaron del medio? Posible respuesta: para quedarse con el aparato PJ y hacer a partir de 2005 lo que estaba pensado para 2007 y que Kirchner decidió adelantar a 2003, apadrinado por Duhalde. Muy bien. Pero eso no responde la segunda cuestión: ¿qué quiere hacer? ¿para qué quiere el aparato PJ?

3. La pregunta sobre la finalidad, además, es crucial para responder la pregunta sobre la eficacia. Solamente será eficaz la estrategia que ayude a lograr la finalidad. Si en nombre de la eficacia hacemos cosas que dañan directamente la finalidad (si hacemos la guerra en nombre de la paz; si violamos en nombre de la castidad), la estrategia no es eficaz; al menos, para las finalidades que decimos tener.

4. Lo mismo pasa con el tema CTA. Yo no creo que la opción ética "obvia" entre CGT y CTA sea la CTA. Lo es solamente si uno tiene en mente ciertos objetivos. Si los objetivos son otros, la opción clara es la CGT. Por otra parte, insisto: seguramente la CGT garantiza "control de calle". Pero esto no contesta la pregunta importante: ¿para qué quiere el kirchnerismo controlar la calle? ¿para qué quiere las paritarias controladas en lugar de impredecibles? Dependiendo de cuáles sean esos objetivos, casarse con la CGT puede ser eficaz, inocuo, o suicida.

5. Por eso no creo que existan auténticos partidos "catch all". Siempre dejan algo afuera: ahí están los contornos de sus proyectos. Por más amplio que sea el kirchnerismo, Patti queda afuera. Rico, en cambio, entró. Alguna razón debe haber para que haya una selectividad mínima.

6. ¿Y qué pensás del Feinmann '88? ¿Te parece que sus argumentos van contra el peronismo (o el radicalismo, también) como movimiento, como forma de construcción política?

Un abrazo para vos, Norman... Te escucho/leo si querés compartir más ideas por acá.

Redacción / Radio Tosco dijo...

También me pareció muy interesante tu comentario, Nicolás.
La idea del peronismo como "mal menor" es bien interesante. La pregunta es si vale la pena militar en un mal menor, trabajar por él, votarlo, salir a marchas convocadas en su nombre, etcétera. Es, me parece, una cuestión de evaluación histórica: ¿dónde ponemos nuestra energía política? ¿En el mal menor? ¿En lo que nos parece "la posta", pero no anda ni para atrás ni para adelante? ¿En la idea óptima que todavía no arranca? ¿Cuándo sí hay que apoyar al mal menor porque la alternativa cierta es inaceptable (por ejemplo, frente a un posible golpe de Estado)?

Creo que ésa es la pregunta que recorre el texto de Feinman 1988, y también eso explica la resignación de Feinmann 1989, que considera a Menem otro mal menor.

Por otro lado, la contradicción obviamente no es "mala" en sí misma. Cambiamos, tenemos que cambiar. Pero la pregunta es: ¿por qué? ¿por qué el cambio? ¿Por qué el Menem de Abril 1989 hablaba de la Revolución Productiva y el Menem de Junio 1989 designaba a María Julia Alsogaray como privatizadora de la empresa estatal de teléfonos? Sin duda, la contradicción puede ser fértil. Pero también puede ser una agachada inmunda, una traición venal. No se la puede festejar o condenar por adelantado.

Y en cuanto a los intelectuales K, sin duda fijaron una postura clara y se metieron en el barro de la historia. La pregunta es: ¿estamos de acuerdo en lo que apoyaron? ¿pueden compartirse sus razones para apoyar al kirchnerismo? La claridad, la firmeza en sí mismas no me alcanzan para justificar una posición. La derecha también es clara y firme, pero la rechazo.

Lo que no entendí bien es lo que apuntás de Grüner al final. No sé si esa "vereda de enfrente" implica cierta distancia frente al poder (o al Gobierno?). De ser así, sería difícil tener intelectuales que defendieran a un gobierno.

Un abrazo

Horacio

Anónimo dijo...

Horacio querido, algunos apuntes más sobre el tema:

1. Comparto que una cosa es la eficacia y otra la finalidad; le agregaría que, hasta cierto punto, esos conceptos presentan articulaciones -más o menos problemáticas- con la táctica y la estrategia, respectivamente. Incluso podríamos decir, retomando los conceptos que estudiamos en ciencia política, que hay una cierta correspondencia con las fases "agonal", por un lado, y "arquitectónica", por otro.

2. Me parece que está claro que el embate contra el duhaldismo en el 2005 era para quedarse con el aparato del PJ, algo que es de cajón para quienes razonan con la lógica de ese partido, por así decirlo, y Kirchner responde a ese patrón. Yo creo que el dirigente formado en ese partido razona partiendo de que podrá hacer poco o nada si no domina ese aparato. Lo ven como una especie de precondición para gestionar. Es decir, creen que el dominio del aparato es una herramienta insoslayable para el ejercicio del poder, y que por consiguiente es necesario contar con ella, hasta cierto punto de manera independiente de la finalidad. Por supuesto, este es un punto discutible, pero creo que la lógica es que ninguna finalidad por buena o deseable que se considere puede "realizarse" sin tener esa herramienta. Esa es la concepción de base.

3. Yo creo que al kirchnerismo le interesa el "control de la calle" por razones parecidas a las anteriores, con un matiz: el temor del desborde de la protesta social en el país se alimenta de lo sucedido en la última crisis. Yo creo que la idea que tienen los gobernantes es que en toda protesta social hay elementos genuinos pero también grupos con intenciones desestabilizadoras, y apuestan a que contar con sindicatos encolumnados minimice la fuerza que esos sectores pueden tener. Asimismo, en el kirchnerismo se suma el convencimiento de que no se puede contar con las fuerzas de seguridad para un control de la protesta, porque allí también hay elementos que se salen de madre o que incluso pueden realizar acciones de represión con objetivos políticos.

4. Por supuesto, la idea de partidos "catch all" es una idea reguladora. No son realmente "atrapalotodo", sino que lo que se quiere expresar es que pueden abarcar un arco de cierta amplitud ideológica: digamos, por ejemplo, en términos ideológicos clásicos, un "centro" decisivo (digo decisivo porque el voto "centrista" es el más volátil de una elección a otra), más la "centroizquierda", más la "centroderecha" de acuerdo a la época y al perfil del gobierno. En este análisis, el menemismo sería un caso de articulación del centro + la centroderecha, en tanto el kirchnerismo sería algo así como centro + centroizquierda. Lo analizo en términos ideológicos, en términos de clase o sujetos sociales es más complejo (por caso, gran parte de la clase media primero reeligió a Menem y después se alejó de él, mientras que gran parte de las clases populares lo acompañaron más tiempo; al kirchnerismo le pasó algo parecido)


5. Aplicando esos conceptos al radicalismo, también uno podría encontrar radicales más centristas netos y otros más orientados hacia la izquierda (Fredi Storani, quizá) o a la derecha (creo que no hay mayor dificultad en pensar ejemplos). Respecto del análisis de Feinmann que rescataste para el post, me parece que es cierto que sus argumentos mantienen cierta vigencia.

Abrazo para vos,
Norman