13.1.09

La impunidad debida

Sancionada el 04 de junio de 1987, la ley 23.521 (o ley de Obediencia Debida) benefició a todo el personal militar y de seguridad, desde oficial jefe hacia abajo, acusado de crímenes de la dictadura. La ley aseguró su impunidad declarando que todos los acusados habían actuado en virtud de la obediencia debida (a las órdenes superiores) (art. 1). No podían ofrecerse pruebas en contra; la impunidad era automática. Sin embargo, no abarcaba los delitos de violación, secuestro de menores y apropiación extorsiva de inmuebles (art. 2).

 El presidente Raúl Alfonsín impulsa esta ley luego del levantamiento militar de Semana Santa (abril de 1987). La norma asegura la impunidad, entre otros hombres de armas, de: Alfredo Astiz, Antonio Domingo Bussi, Albano Harguindeguy (ministro del Interior de Videla), Reynaldo Bignone (último presidente militar), Cristino Nicolaides (jefe del Ejército), Jorge Supissich (director de la ESMA), Jorge “Tigre” Acosta y Antonio Pernías (torturadores de la ESMA), Julio Simón (o “Turco Julián”, torturador en varios campos de concentración), Gustavo Alsina y Enrique Mones Ruiz (acusados por homicidios en la Penitenciaría de Córdoba), César Anadón (jefe de “La Perla”), Ernesto Barreiro (jefe de torturadores en “La Perla”), Luis Manzanelli (torturador en “La Perla”), Hermes Oscar Rodríguez, Carlos A. Vega, Ricardo “Fogonazo” Lardone y Orestes V. Padován (represores condenados con Menéndez en 2008), Juan Bautista Sasiaiñ y Arturo Gumersino Centeno (altos jefes del III Cuerpo de Ejército), Hugo Díaz (torturador de “La Perla”), y decenas o cientos de otros represores.

 

La norma contó con los votos del radicalismo, de los partidos provinciales, y de algunos pocos justicialistas. Un grupo muy chico de radicales votó en contra, al igual que casi todo el peronismo.

César Jaroslavsky, presidente del bloque de diputados de la UCR, dice: “Notifico a las FFAA y al país que esta ley es la máxima última ofrenda que el poder civil hace en aras de la reconciliación  nacional” (La Voz del Interior, 05 Jun 1987, pág. 6). Roberto Ulloa, gobernador de Salta durante la dictadura, vota a favor desde su banca de diputado, aunque lo considera “un proyecto imperfecto”.

El vicepresidente, Víctor Hipólito Martínez, radical cordobés, afirma que la ley “está destinada a aclarar definitivamente los niveles de responsabilidad en los hechos juzgados” (La Voz del Interior, 28 Jun 1987, pág. 1).

Eduardo Angeloz, gobernador de Córdoba, agrega: “Este proyecto expresa la postura de Alfonsín como candidato. Lo que apoyó la voluntad popular es lo que se ha elevado al Congreso” (La Voz del Interior, 23 May 1987, pág. 7).

En tanto, el titular de la Juventud Radical, Carlos Raimundi (hoy en el bloque Solidaridad e Igualdad), anuncia que su ese órgano “estrechará filas con el Gobierno” y apoyará la ley (La Voz del Interior, 18 May 1987, pág. 4).

El senador radical Hipólito Solari Yrigoyen, exiliado durante la dictadura y víctima de la Triple A en noviembre de 1973, vota a favor porque la ley “resulta necesaria para afrontar un problema que existe en el país”, y “persigue propósitos de paz”, lo que permitirá “dar vuelta una página” (La Voz del Interior, 29 May 1987, pág. 5).

Al defender el proyecto en el recinto, el diputado y constitucionalista radical (hoy macrista) Jorge Reinaldo Vanossi llama al “sacrificio colectivo para recomponer el clima de vida civilizada”, y destaca la “necesidad de superar el pasado”, garantizando la impunidad de quienes “actuaron bajo coerción y en un estado de necesidad inculpable” (que no se podrá poner en discusión judicial) (La Voz del Interior, 16 May 1987, pág. 4).

La Iglesia apoya la iniciativa. En el Tedeum del 25 de Mayo, se afirma que “todos debemos ser artífices de la paz, con creatividad, renuncia y sacrificio” (La Voz del Interior, 26 May 1987, pág. 6). Monseñor Cándido Rubiolo, vicepresidente segundo de la Conferencia Episcopal Argentina, se alegra porque “por fin gran parte de la sociedad argentina ha caído en la cuenta de la necesidad de una reconciliación entre los argentinos” (La Voz del Interior, 17 May 1987, 4).

En un editorial, La Voz del Interior defiende al proyecto contra una declaración crítica del Consejo Superior de la UNC (29 May 1987, pág. 8), como se recuerda aquí

Pocos días después de sancionada la ley, la Corte Suprema la declara constitucional (22 Jun 1987, por 4 votos a 1). Votan a favor de la Obediencia Debida los ministros Enrique Petracchi, José Severo Caballero, Carlos Fayt y Augusto Belluscio. En 2005, la Corte resuelve que es inconstitucional. Esta vez Enrique Petracchi, todavía en la Corte, vota en contra de la ley.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Simplemente me pregunto como estariamos ahora los argentinos si estas leyes no hubieran sido derogadas.

Quizas dejaria de haber ese odio entre izquierda y derecha, tan radical, tan triste, tan sin sentido.

Tambien pienso en que es posible que cambie con el tiempo el partido político que gobierna, y me entristece pensar que pueda ser posible que se produzca la persecución inversa a la actual, atacando a todo aquel que haya apoyado a la guerrilla, y a todo que haya creido en ella como medio para lograr sus fines (obviamente no lo comparto).
Y estemos en un circulo vicioso de odio y rencor.


Tuvimos la posibilidad de cerrar un herida... No lo hicimos. No supimos ver mas alla de nuestras narices, o heridas y sufrimientos. Ahora estamos en un pais donde se siguen abriendo las heridas de hace treinta años. Y nos preguntamos por q las cosas estan mal.


El unico momento que es plenamente nuestro es el Presente.

Ahora podemos hacer el cambio

Dejemos el odio y el rencor, y volvamos al amor.

Nuestra patria nos lo exige.


Afectuosamente

Gregorio Gonzalez

Anónimo dijo...

Gregorio, me parece que te pegó mal el faso. ¿Amor? ¿De quién? ¿De Videla, de Massera, de Astiz a las religiosas francesas?

Si estamos así es porque esas leyes y el maldito indulto jamás debieron ser habido dictados. No existe el olvido por ley/decreto.

¿Y qué es eso de izquierda/derecha; y guerrilla/militares?

Los juicios no son una decisión del matrimonio en el Gobierno, si bien es cierto que los han apoyado. Hay años de resistencia y de trabajo de víctiams del terrorismo de Estado y de organizaciones de derechos humanos.

¿Qué tal si antes de volver al amor idílico que proponés, antes no tenemos un poquito de verdad?

Saludos,

ABovino

Redacción / Radio Tosco dijo...

Hola, Gregorio, Alberto…

Creo que Gregorio no consume sustancias prohibidas por las autoridades sanitarias! Estoy de acuerdo con lo que señalás, Alberto. Y me gustaría agregar dos o tres elementos.

Gregorio, vos preguntás cómo sería el país si estas leyes no hubieran sido anuladas. La respuesta ya la tenés. La Obediencia Debida rigió entre 1987 y 2003. ¿Fue mejor el país? ¿Bajó la violencia social? Los saqueos de 1989, ¿no dejaron acaso 14 muertos por la represión? ¿Y no fue en abril de 1995 que la policía fueguina (con 300 gendarmes federales de refuerzo) mató al obrero Víctor Choque en una manifestación pacífica contra los despidos en la fábrica Continental? Y en abril de 1997, ¿no fue Teresa Rodríguez la que cayó bajo las balas de la policía neuquina en Cutral Có? Unos meses antes, ¿no apareció muerto el fotógrafo José Luis Cabezas? ¿No fue la Gendarmería de De la Rúa la que mató dos manifestantes en el puente General Belgrano, en Corrientes, el 17 de diciembre de 1999? Claro que eso pareció poco cuando arrancó la tremenda represión del 19 y 20 de diciembre de 2001. En Córdoba, David Moreno, de 13 años, quedó muerto por los tiros policiales el día antes de la renuncia de De la Rúa. Duhalde dejó su huella también: el 26 de junio de 2002 la Policía mató a Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, manifestantes en el corte del Puente Pueyrredón. Y hay muchos casos más de violencia estatal sobre la población. No deberíamos olvidarnos tampoco de Omar Carrasco, muerto en 1994 por el abuso de integrantes del Ejército mientras cumplía el servicio militar obligatorio.
Gregorio, mi punto es: ya vivimos en un país gobernado por la Obediencia Debida. No sé si para vos fue mejor que éste. Yo no quisiera volver ahí para nada. Pero ya sabemos: sobre gustos…

Tampoco me parece apropiado que señales a los crímenes de la dictadura como resultado de una lucha entre “izquierda” y “derecha”. Desaparecieron personas claramente identificadas con la derecha. Por ejemplo: Julián Delgado, secuestrado el 4 de junio de 1978, era el director de la revista “Mercado”, que no es precisamente una revista socialista. Edgardo Sajón, secretario de Prensa y Difusión del presidente militar Alejandro Lanusse, desapareció el 1 de abril de 1977. Una prima de este ex presidente, la diplomática Elena Holmberg Lanusse, fue secuestrada y asesinada a fines de 1978.

Como he dicho alguna otra vez, tu apelación al amor me parece correcta, pero insuficiente. Tenés que recordar que no todos se prenden en ésa. Y mientras tanto, el Derecho sigue siendo necesario, si es que no queremos pasar a la Fuerza, lisa y llanamente. Como estudiante de Derecho que sos, seguramente te darás cuenta de que el elemento “coerción” no está de adorno en el ámbito jurídico. Si bastara con la apelación al amor, vos estarías estudiando Letras, o Medicina.
En otras palabras: si aplicás la solución del amor y el perdón a Astiz, tenés que abrir inmediatamente la cárcel de Bouwer y dejar salir a todos y cada uno de los internos ahí. No hay ninguna razón para negarles a ellos (que incluyen a Menéndez) lo que proponés para el secuestrador de las monjas francesas Léonie Duquet y Alice Domon.

Justamente, no todos los represores que están presos se anotan en la de amar al prójimo, aun hoy (treinta años después). Si necesitás alguna prueba de eso, ahí tenés el caso de Julio López. Su desaparición no es un acto de amor, precisamente, sino de venganza e intimidación. Es difícil insistir en la “reconciliación” con gente que sigue dispuesta a hacer lo mismo. Y en estos casos, las reiteraciones son muy caras: puede significar la muerte o la desaparición de una persona.

Y a la vez, ¿qué hacemos con los niños y niñas apropiados por los militares y entregados, con ocultamiento de su identidad, a otras familias? ¿Y qué hacemos con los abuelos y abuelas que siguen buscándolos? ¿Hay que dejar que esa mentira quede fija para siempre? Porque el olvido y la reconciliación impedirían seguir “escarbando” en los ADN.

Y siguiendo en esa línea: ¿no deberían haberse juzgado a los criminales nazis, entonces? ¿Debería habérselos perdonado? ¿Y la Corte Penal Internacional? ¿La cerramos? ¿O está bien juzgar y condenar a Milosevic, pero no a Menéndez?

También vale la pena recordar que aquellas leyes (Punto Final y Obediencia Debida) no fueron el resultado de un acto de reconciliación. Por el contrario: resultaron de las presiones militares sobre el poder democrático, a través de tres (3) sublevaciones armadas (abril 1987, enero 1988 y diciembre 1988).

Necesitamos la verdad, primero. Saber qué pasó, por ejemplo, con Floreal Avellaneda, el pibe de 14 años, militante de la Federación Juvenil Comunista, que fue torturado, empalado vivo y luego asesinado. Su cuerpo de chico apareció en la costa del Uruguay, con otros ocho cadáveres más, en 1976. Hay que saber quién torturó, quién mató. Después, necesitamos juzgar. No para satisfacer pulsiones de odio. Eso no se tramita en el poder judicial. Hay que juzgar para que quede claro que eso no va a pasar Nunca Más. No podemos correr el riesgo.
Decís que te preocupa que alguien venga después y persiga a quienes apoyaron a la guerrilla. Mi respuesta es: si hay acciones penales pendientes, habrá que seguirlas (y ahora, no cuando cambie el gobierno). Pero me parece que no las hay, por razones que ya hemos discutido en este blogcito (prescripción, etcétera, no aplicables a los crímenes de lesa humanidad).

Gracias por tu comentario y por andar por acá. Y todavía nos debés tu explicación de cómo y en qué aspectos concretos y específicos se violó el derecho de defensa en juicio de Menéndez y los demás represores condenados en julio de 2008, tal como vos sostuviste en un comentario tuyo en este blog.

Chau, un abrazo y que tengas un muy buen enero, con vacación y esas cosas….

Horacio

El Eternauta dijo...

hay una cuestion que me parece interesante definir.
Creo que centrar la discusión entre si juzgar o no juzgar los crimenes cometidos por la dictadura va a llevar al pais a una situacion mejor o peor es insuficiente. Obvio que hay que juzgar y condenar. Pero no solo eso, es decir...eso deberia significar el punto de partida para realmente encarar un cambio en serio. Digo: hubo 30.000 personas que creyeron en otro pais, que ya no están. Imaginemonos por un momento que se juzga hasta el ultimo responsable, se encuentra hasta el último resto y se ubica hasta el ultimo bebé sustraido. Y después que?...con eso no basta...es decir, de que nos sirve luchar por esto si no luchamos tambien por lo que aquellas 30.000 personas luchaban. pienso que agotar la lucha solo en la frase Ni olvido ni perdón no basta. Ni olvido ni Perdón...pero también ni Explotación, ni Liberalismo, ni Imperialismo...solo asi lograremos llegar a ser una sociedad mas justa...donde la educacion, la salud, el trabajo, la vivienda, el ocio, la cultura, no sean beneficios de unos pocos sino derechos adquiridos de todos. juicio y castigo si...pero eso nos tiene que servir para saber por que luchaban la gente que estos genocidas eliminaron y levantar sus banderas...sino se confunden los objetivos. Porque hay mucha gente que por un lado se alegra con la condena a los milicos , pero por el otro no quiere cambiar nada...es decir, schiaretti no lloraba en la sentencia a menéndez?...
saludos

Martín Juárez Ferrer dijo...

Horacio,

en líneas generales estoy de acuerdo con todo lo que decís. Estudie derecho por que creo que el amor es insuficiente, hacen falta leyes, jueces, justicia, debates, etc...

ahora bien, hay un punto que me parece le preoocupa a GG que no es tan menor: ¿qué pasa si el próximo presidente es, x ejemplo, FdNarváez, o alguien, no importa quién, que tome medidas políticas para impulsar los juicios a quienes integraron montononeros, erp, y otras (FAR, FAP, FAL), y mataron civiles, militares, pusieron bombas, secuestraron...

¿qué va a pasar si algún día -ojala no pase nunca- cecilia pando llega a ser ministra de justicia?

creo que el punto de GG, y es válido, es: ¿cuándo va a parar la revisión?

deliberadamente cito un argumento de autoridad: Nino dice en "juicio al mal absoluto" que un enjuiciamiento total es imposible, y no deseable (no lo tengo a mano, so, no es textual).

en resumen, coincido con vos, casi un 100%. Pero me preocupa hasta donde vamos a llegar. No me interesa si encarcelan a Menéndez, o a Firmenich. En mi opinión ambos la merecen. Quizás no en nuestros foros habituales, pero existe mucha gente que quiere que se juzgue también a la "guerrilla". Entonces, la pregunta de GG es válida: ¿dónde vamos a parar?

te mando un fuerte abrazo,

desde sucre, bolivia,

martín

El Eternauta dijo...

El punto de GG puede ser válido o no, pero plantearse ..."cuando va a parar la revisión?"...era el espiritu de la ley de punto final...es decir, ponerle un punto final a la revisión, y creo que es lo que quedo demostrado que no sirve.
Por otra parte no creo que haya que poner en la misma balanza los hechos cometidos por el terrorismo de estado (que respondian a una politica planificada de exterminio, tortura, desaparicion forzada y apropiacion de personas), aprovechándose de su condición de estado (con todo lo que eso significa...es decir, todo ciudadano delega en el estado el poder), con los hechos cometidos por agrupaciones politico-militares cuyo objetivo era totalmente distinto (y que como toda agrupacion cometieron algunos errores, sin duda)...
No se cual es la solución, pero seguro que el olvido y la desmemoria no lo es.
saludos

Redacción / Radio Tosco dijo...

Hola, como andamio...

Coincido con el Eternauta, y retomo lo que señala Martín.
La buena noticia, Martín, es que (por lo menos por ahora) De Narváez no va a ser presidente (porque no es argentino nativo, y sus padres tampoco son argentinos, yupiii!).

Pero yendo a lo serio, creo que si, pongamos, Cecilia Pando es presidenta y quiere meter en cana a los sobrinos de Firmenich, bueno, que haga el laburo jurídico y político que los organismos de DDHH hicieron desde 1977 (en el caso de Madres, por ejemplo). Y ahí veremos si logran que la CIDH les diga que es "anticonvencional" aplicar la prescripción al copamiento del Regimiento de Infanteria de Monte de Formosa, por ejemplo. Que pruebe, y será un debate bien interesante.

Hasta donde hay que revisar? Creo que la prescripción, justamente, es un límite. Pero para ciertos delitos, la humanidad (que no se chupa el dedo tanto) creó el instituto de la imprescriptibilidad, porque la experiencia nazi demostró que hay vías para que los asesinos se escapen por ahí (a ciertos países del Sur, ejem) y evadan la Justicia por algún (largo) tiempo...

Insisto en que, en mi opinión, nada (o casi nada) de la acción de la guerrilla entra en la categoría de crimen de lesa humanidad, y por lo tanto, Cecilia Pando se las vería difícil para levantar la prescripción recaída en esos actos.

En cuanto a Nino, por supuesto no lo considero autoridad dirimente en el punto, ya que su tarea de asesoramiento a Alfonsín en estos temas lo vuelve un perito de parte. Y también vale la pena revisar su descripción de la Obediencia Debida y los indultos en "Fundamentos de Derecho Constitucional" (Astrea, Buenos Aires, 1992). Ahí traza una diferencia abismal entre ambos actos (el primero justificable, los segundos no); y yo, la verdad, no creo que la diferencia sea para tanto... Pero tampoco tengo el texto a mano, así que será para la próxima...

Gracias por prenderse, amistades...

El Huaso de Radio Tosco

Redacción / Radio Tosco dijo...

Che... encontré la cita de Nino.

Dice (en "Fundamentos de Derecho Constitucional", Astrea, Buenos Aires, 1992) que cuando Alfonsín inicio los juicios a "las diversas organizaciones terroristas" (aquí se equiparan militares y guerrilla) hubo ciertos límites derivados de “restricciones jurídicas” y de “la necesidad política de no poner extremada tensión sobre el sistema democrático” (pág. 146).
Ahora veamos los indultos de Menem. Nino los critica porque intentan “minimizar” los hechos, con el “pretexto de superar los desencuentros” (pág. 149), mientras que Alfonsín intentó generar conciencia sobre los actos juzgados. La justificación sobre los desencuentros se parece mucho a la “necesidad política” de no cargar con “tensión” al gobierno de Alfonsín. A mí no me parece tan obvio que en un caso sea un “pretexto” y en el otro una “necesidad”. En fin, hasta ahí llegan mis observaciones a la postura de Nino.