24.6.08

Cómo combatir a los "irregulares"


"La lucha contra fuerzas irregulares se caracterizará porque las operaciones se desarrollarán en secreto, por sorpresa, en el aislamiento, con frecuentes emboscadas por ambos bandos, normalmente en zonas inhóspitas y cubiertas o en terrenos donde las tropas sean lo suficientemente numerosas para atacar y lo suficientemente reducidas para desaparecer, con una frecuente actividad nocturna con participación de la población y donde la norma será el combate a distancias próximas y la lucha cuerpo a cuerpo".

Ejército Argentino, Ejercicio del mando, Manual M-150-1, Imprenta del Instituto Geográfico Militar, Buenos Aires, 1969, pp. 145-146. [aprobado por el Comandante en Jefe, Alejandro Agustín Lanusse, por resolución del 16 de octubre de 1968]

17.6.08

Yo no

Ayer no salí a golpear cacerolas. No quise marchar a favor de la Sociedad Rural, ni agitar una bandera desde el techo de una cuatroporcuatro. Entonces, ¿qué me toca? ¿Ir a una plaza con el karateca custodio de Guillermo Moreno? ¿Aplaudir a Cristina en el Salón Blanco, con Cristiano Ratazzi? No.
No me importa que Clarín diga que hay que estar con “el Gobierno” o con “el campo”. Es difícil: pero, con la cabeza fría, pensemos qué nos conviene a quienes no somos el Gobierno (ni sus amigos industriales), ni parte de los propietarios de la tierra.

Yo creo que nos conviene mantener el sistema de libertades democráticas, contra cualquier intento de “golpe” (o cosa parecida). Y que nos conviene rechazar un “estado de sitio”, una represión, o el encarcelamiento de gente que protesta. Y que nos conviene no ser la comparsa de cualquiera de las dos patronales (industrial y agraria). Y que nos conviene crear una coordinadora de grupos, partidos y sindicatos ajenos a los dueños de empresas o de tierra. Eso exige acuerdos entre los partidos de izquierda, y que algunos, como el MST, se bajen de su apoyo (aunque sea indirecto) a la patronal agraria.

Esa coordinadora independiente debería movilizarse para que reclamemos:

a los transportistas, que levanten su bloqueo;

a la Sociedad Rural y el resto de la patronal agraria, que admitan la voluntad popular en las instituciones;

a la Presidenta, que someta el aumento de retenciones al Congreso;

al Congreso, que exima a los pequeños productores y que destine cualquier incremento de impuestos a solucionar la miseria, en vez de subsidiar a la burguesía industrial.

Cristina no es Robin Hood, ni la Sociedad Rural está impulsando el Grito de Alcorta. Vamos por lo nuestro.

Inconstitucionalidades

En Página/12 del domingo 15, Alfredo Zaiat explica que las retenciones no son impuestos sino "derechos de exportación", y por eso el Ejecutivo puede aumentarlos. Por otro lado -agrega- la Cámara de Diputados rechazó, en marzo pasado, un proyecto presentado para derogar el incremento.

Bué. Pero la Constitución exige que las retenciones sean dispuestas por el Congreso. Constitución nacional, art. 75 inc. 1: "Corresponde al Congreso: Legislar en materia aduanera. Establecer los derechos de importación y exportación, los cuales, así como las avaluaciones sobre las que recaigan, serán uniformes en toda la Nación."

Derechos de exportación = retenciones, salvo que Zaiat opine lo contrario. Y sí, puede ser que Diputados no las haya derogado.

Pero eso no es lo que dice la Constitución, ¿no? Una cosa es que el Congreso (o sea, 2 -dos- Cámaras) establezca las retenciones. Otra cosa distinta es que 1 (una) Cámara no pueda derogar algo que el Ejecutivo hizo a lapicera limpia.

Radio Tosco sigue sin entender por qué la Presidenta no hizo esto a través del Congreso. Tiene mayoría en las dos Cámaras. ¿Alguien sabe?

Un cuento alemán

En estos días circula por internet un supuesto artículo publicado en el diario alemán Berliner Tageblatt. Firmado por la periodista Ingeborn Hellige, el texto pinta un apocalipsis en Argentina. Muy suelta, Ingeborn afirma que "los gobernantes actuales pertenecen a un reducido grupo de terroristas de ultra izquierda muy activos en los años ´70".
Y ahí, claro... ¡a los servicios de inteligencia se les fue la mano con la creatividad...!

El diario "Berliner Tageblatt" se publicó en Berlín, claro, pero entre 1872 y ¡1939! (http://en.wikipedia.org/wiki/Berliner_Tageblatt)
Sería verdadero "periodismo de anticipación" que ese diario pudiera dedicarse al conflicto entre Cristina y cierto sector de la burguesía argentina. La supuesta Ingeborn, claro, no aparece en internet firmando ninguna otra nota, ni nada de nada. Qué misterio. O no tanto.

Gratuidad, a 90 años

Las universidades públicas pueden cobrar aranceles a sus estudiantes. Así lo dijo la Corte Suprema el 6 de mayo pasado, en un fallo sobre el estatuto de la Universidad Nacional de General Sarmiento. Contradice así el art. 75 inc. 19 de la Constitución, que consagra los principios de “gratuidad y equidad” en la educación pública estatal. También violenta el art. 13 del Pacto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, que ordena implantar progresivamente la enseñanza universitaria gratuita.

Cuando se cumplen 90 años de la Reforma del 18, la Corte nos dice que no se afecta la gratuidad cuando “por aplicación del principio de equidad y para lograr la igualdad real de oportunidades […] se dispusiere recurrir a contribuciones o cánones […], con el fin de instrumentar un sistema de educación superior que efectivamente posibilite que los sectores más postergados en lo económico tengan acceso real a las carreras de pregrado y grado” (considerando 9).


La gratuidad prohíbe cobrar. Mucha gente, con ataques de “resignadismo”, apoya los aranceles como un mal menor. Se abandona la idea de la educación como responsabilidad estatal. Y se renuncia a que el Estado genere conocimiento para mantenerlo como propiedad del pueblo. El saber que no surja de la Universidad pública se hará en otras partes: los dueños serán otros.

La Corte retomó la vieja idea de Menem y del Banco Mundial: cobrar un arancel en nombre de los pobres. No se entiende cómo la educación gratuita será más accesible a los hijos de obreros cuando tenga un precio.
Para colmo, la Corte cita largos tramos del debate en la Convención Constituyente de 1994. Pone comillas y copia (considerando 9) las palabras del convencional Jesús Rodríguez (UCR), quien explica que la equidad complementa a la gratuidad: no la limita ni la reemplaza. El Estado, dice Rodríguez, debe ayudar con recursos a quienes no pueden llegar a la universidad incluso siendo gratuita. Es lo que pasa con las hijas y los hijos de los obreros y desocupados.
La Corte eligió leer otra Constitución. Qué macana.

10.6.08

No es Robin Hood

1. Estas retenciones redistribuyen; pero de un grupo de la patronal (los dueños de la tierra) a otro (los dueños de las industrias). Cobrando más a unos, puede cobrar menos a los otros (e incluso subsidiarlos).

2. Sin votos en el Congreso, los dueños de la tierra comienzan medidas de fuerza. Buscan que los pequeños productores pongan el cuerpo en el asfalto. ¿Desde cuándo la Sociedad Rural cuida a los chacareros?

3. Ayer, lunes 9, la Presidenta prometió hospitales, escuelas y caminos con parte de las retenciones. La acompañaban en el Salón Blanco los grandes patrones y los contratistas del Estado. Cuesta imaginar el entusiasmo redistributivo de Cristiano Rattazzi (Fiat), Alejandro Bulgheroni (Pan American Energy), Eduardo Eurnekián (Aeropuertos Argentina 2000), Juan Carlos Lascurain (presidente de la Unión Industrial), Adelmo Gabbi (presidente de la Bolsa de Comercio) y Aldo Roggio. Salvo que esta gente se haya hecho de izquierda.



4. La redistribución debería surgir de impuestos a toda gran fortuna. Y no caer sobre los pequeños productores. Pero el Gobierno no puede distinguir entre propietarios chicos y grandes. Si lo hace, abriría la puerta a nuevas formas de pensar la propiedad. Y este justicialismo no puede, no sabe, no quiere.

5. Con retenciones más altas, probablemente los pequeños productores deban vender. La Sociedad Rural comprará. El dinero recaudado servirá para mantener un dólar favorable a la industria, premiar a los contratistas del Estado y auxiliar a los gobernadores e intendentes que aseguren victorias electorales y control social en el interior.

6. Más concentración de la tierra, más poder a la patronal industrial, más control político sobre las provincias. Lo de siempre.

7. La novedad puede venir de otra parte. Quienes no tenemos tierras, ni industrias, ni contratos con el Estado, ni gobernamos provincias podemos tener un lugar propio. No estamos obligados a elegir entre dos grupos de patrones.

3.6.08

La confesión de Belgrano

1806: primera invasión inglesa.

Hacía diez años que yo era capitán de Milicias urbanas, más por capricho que por afición a la milicia. […] Se tocó la alarma general […] y volé a la Fortaleza, punto de reunión: allí no había orden ni concierto en cosa alguna, como debía suceder en grupos de hombres ignorantes de toda disciplina y sin subordinación alguna: allí se formaron las compañías, y yo fui agregado a una de ellas, avergonzado de ignorar hasta los rudimentos más triviales de la milicia […]. [E]l resultado fue que no habiendo tropas veteranas, ni milicias disciplinadas que oponer al enemigo, venció éste […] con la mayor facilidad. [Y] cuando íbamos en retirada yo mismo oí decir: ‘Hacen bien en disponer que nos retiremos, pues nosotros no somos para esto.
Confieso que me indigné, y que nunca sentí más haber ignorado […] hasta los rudimentos de la milicia. […] [M]e era muy doloroso ver a mi patria bajo otra dominación […].”

Manuel Belgrano, Autobiografía, 2a ed., Emecé, Buenos Aires, 1945.
Hoy, 3 de junio, el pibe cumple 238 años.