6.11.07

Seguridad, no castigo

(1). Por lo menos 31 personas murieron el domingo en una cárcel de Santiago del Estero. Quizá alguna gente lo tome como una parte de la pena: el que delinque, recibe tantos años de prisión, más la posibilidad de morir en custodia del Estado.

(2). No puede ser así. En el derecho argentino, las cárceles no deben castigar (art. 18 de la Constitución). El Estado no puede vengarse. Solamente puede ayudar al delincuente a volver a vivir con otros (Pacto de San José de Costa Rica, art. 5.6), y proteger a otros de la conducta delictiva. Ha elegido la cárcel como instrumento; pocos creen que sea una elección acertada, y habrá que encontrar otra forma nueva.

(3). Se trata de un Estado capitalista, así que ya sabemos a quién lleva preso. Sin embargo, no perdamos de vista lo otro: la cárcel no castiga, no cobra venganza, no devuelve la vida a los asesinados, no restituye la salud psicológica y física a la víctima de abusos, violencias o robos.
La restauración de las personas agredidas vendrá de otras partes del Estado: el hospital, la escuela, los programas que pongan en vigor el derecho a la vivienda, a la terapia psicológica y al empleo.

(4). Una persona presa suspende el ejercicio de algunos derechos, no de todos. Conserva y debe ejercer todos los demás (ley 24.660, art. 2). Tiene derecho a trabajar (y a no ser mano de obra forzada); a ver a su familia; a educarse; a profesar su culto; a no profesar ninguno; a publicar sus ideas por la prensa sin censura previa; a expresarse libremente; a participar políticamente; a votar si no está condenado; a tener atención médica y psicológica; a tener intimidad, incluso sexual, y privacidad; a no ser discriminado por su orientación sexual, sus ideas, o cualquier otro motivo.

(5). Así son las cárceles según nuestro derecho. Depende de nosotros que lo sean en la realidad.

Transmitió Radio Tosco.

1 comentario:

San Gordelius dijo...

Interesantes conceptos Horacio.

No voy a caer en una postura políticamente correcta y mucho menos voy a ser tan hipócrita de negar que ante los repetidos robos que hemos sufrido en mi familia no he dicho "hay que matarlos a todos". Cuál sería entonces el castigo para los violadores y asesinos según el Mr Hyde que habita en mí.

Pero con el castigo no se soluciona nada. Es venganza. En el liso sentido de la palabra. 'Pagué mi deuda con la sociedad' dicen los liberados. Pagar, de hecho, a mi no me pagan nada. En Gales en 1700 los presos pagaban los sueldos de los carceleros. Si no tenían nada, morían de hambre en las celdas destinadas especialmente para eso (celdas que nunca se limpiaban ni se abrían).

Es imperioso replantearnos como sociedad una solucion. ¿Qué queremos? ¿Venganza, que no soluciona el problema? ¿Castigo? ¿O resocializar a quien nos agrede?

Creo yo ese es el punto de partida si esperamos que el Estado planifique y ejecute un sistema de tratamiento integral para el delincuente (porque en medicina el delincuente es un sociópata).

No creo que las cárceles dejen de existir. Es más, estoy seguro de que son irreemplazables en la función de apartar al sociópata de la sociedad que le teme (porque éste la agrede). Lo que debería discutirse es cómo lo aparta y cómo lo 'larga'.

El Director Nacional de Cárceles de la primera presidencia de Perón era Roberto Pettinato (padre). Su lema era 'que la Revolución llegue a las cárceles'. Cerró el Penal de Ushuaia, eliminó los grilletes (parece que en el interior no) y los humillantes uniformes a rayas.

Hoy el edificio de la Academia Superior de Estudios Penitenciarios lleva su nombre.

Las cárceles le brindan al ciudadano común la seguridad de que 'los criminales están guardados ahí'. Pero después de que hayan vivido ese infierno retrógado, a mí me aterra la posibilidad de que en algún momento puedan salir.

Un abrazo.